Jacaranda caroba (Vell.) DC. es un arbusto leñoso de la familia Bignoniaceae que ocupa el estrato bajo del cerrado brasileño, donde difícilmente supera los tres metros de altura. Tanto el epíteto específico como el nombre popular proceden de la misma raíz tupí, y la planta se reconoce en el campo por sus hojas compuestas de aspecto encajado, por sus panículas de flores tubulares violáceas y por un órgano subterráneo leñoso que le permite rebrotar tras los incendios periódicos del bioma.

A diferencia del jacarandá ornamental plantado en las calles de medio mundo, la caroba no llama la atención por su porte. Lo que la vuelve notable es su historia natural: pocas especies ilustran tan bien la estrategia arbustiva del cerrado, con buena parte de la biomasa concentrada bajo tierra, la floración ajustada al final de la estación seca y las semillas aladas entregadas al viento. Endémica de Brasil, se concentra en la Meseta Central y avanza hacia las manchas de sabana del sudeste y del sur del país.
Este perfil reúne la taxonomía formal de la especie, los caracteres que permiten identificarla en el campo, su distribución conocida, sus exigencias de cultivo, el calendario fenológico, la composición química descrita en la literatura y el registro histórico asociado al nombre.
Para los usos tradicionales, las propiedades y las formas de preparación de esta planta, consulte el artículo Caroba (Jacaranda caroba): Propiedades y Beneficios.
Taxonomía
La especie pertenece a las Bignoniáceas, familia de distribución principalmente tropical que reúne unos 80 géneros y agrupa árboles, arbustos y lianas de flores tubulares vistosas. Dentro de ella, Jacaranda se sitúa en la tribu Jacarandeae, un linaje de hojas bipinnadas y cápsulas aplanadas que se separa pronto de las lianas neotropicales de la tribu Bignonieae. El género es enteramente americano y tiene en Brasil su centro de diversidad.
- Reino: Plantae
- División: Magnoliophyta
- Clase: Magnoliopsida
- Orden: Lamiales
- Familia: Bignoniaceae Juss.
- Tribu: Jacarandeae
- Género: Jacaranda Juss.
- Especie: Jacaranda caroba (Vell.) DC., 1845
El basiónimo es Bignonia caroba Vell., publicado en la Flora Fluminensis con fecha de 1825 y de circulación efectiva a partir de 1829. La combinación aceptada hoy fue establecida por Augustin Pyramus de Candolle en el volumen 9 del Prodromus Systematis Naturalis Regni Vegetabilis, en 1845. Parte de la literatura fitoquímica escribe la autoría como (Vell.) A.DC., atribuyendo la transferencia a Alphonse de Candolle; el IPNI y Plants of the World Online registran la forma abreviada DC.
Sinónimos Aceptados
- Bignonia caroba Vell. (basiónimo)
- Jacaranda caroba var. oxyphylla (Cham.) Bureau
- Jacaranda clausseniana Casar.
- Jacaranda elegans Mart. ex DC.
- Jacaranda mendoncaei Bureau & K.Schum.
- Jacaranda oxyphylla Cham.
Etimología del Binomio
Jacaranda es la latinización de yacarandá, término tupí aplicado a varios árboles de duramen oscuro y duro, incorporado al portugués colonial mucho antes de convertirse en nombre de género. El epíteto caroba viene del tupí ka’a rob, literalmente hoja amarga, la designación que los hablantes de tupí daban al arbusto bastante antes de cualquier descripción formal. El binomio resulta así poco frecuente entre las plantas brasileñas, por ser de origen enteramente indígena y llevar latinizada solo la terminación.
Descripción Morfológica
Arbusto erecto o arbolito, por lo general de 1 a 3 metros de altura y excepcionalmente de hasta 5 metros en suelos profundos y resguardados del fuego. El tronco es corto y la copa irregular y abierta, con ramificación desde la base. La corteza es grisácea, corchosa y agrietada en sentido longitudinal. Las ramas del año son cuadrangulares en sección y están cubiertas de pelos cortos, y se vuelven cilíndricas y glabras a medida que lignifican. Todas las partes vegetativas desprenden un olor balsámico al estrujarse.
Hojas
Las hojas son opuestas y decusadas, compuestas y bipinnadas, con 10 a 25 centímetros de longitud total. Cada hoja reúne de 4 a 8 pares de pinnas, y cada pinna lleva entre 8 y 20 folíolos oblongo-elípticos de 1 a 3 centímetros de largo por 5 a 12 milímetros de ancho, de margen entero y ápice obtuso o redondeado. El haz es verde oscuro y el envés más claro, con una pilosidad que varía según la población. El pecíolo mide de 3 a 8 centímetros y la lámina tiene textura subcoriácea, adaptada a la fuerte insolación del cerrado abierto.
Flores
La inflorescencia es una panícula terminal erecta, con 10 a 30 flores que se abren de forma escalonada a lo largo de varias semanas. Cada flor es zigomorfa y bilabiada, con cáliz acampanado de cinco dientes cortos y corola tubular-infundibuliforme de 3 a 5 centímetros, violácea o lila, con la garganta más clara y estrías oscuras que actúan como guías de néctar. El labio superior es bilobulado y el inferior trilobulado. El androceo sigue el patrón del género: cuatro estambres fértiles didínamos más un estaminodio alargado y piloso que sobrepasa a los demás. La visitan sobre todo abejas de gran tamaño de los géneros Bombus y Xylocopa, con los colibríes como complemento.
Frutos y Semillas
El fruto es una cápsula leñosa aplanada, de contorno oblongo o elíptico, de 4 a 8 centímetros de largo por 2 a 3,5 centímetros de ancho y superficie rugosa. La dehiscencia es loculicida y separa dos valvas rígidas, que quedan sujetas a la rama tras liberar las semillas. Cada cápsula guarda de 30 a 80 semillas aplanadas, rodeadas por un ala membranosa y translúcida que asegura el transporte por el viento. La dispersión anemócora coincide con el momento álgido de la estación seca, cuando las corrientes de aire son más fuertes y la vegetación está más abierta.
Raíz y Tallo
El sistema subterráneo es la parte más voluminosa de la planta. Una raíz pivotante desciende de 2 a 4 metros en busca del agua profunda de los latosoles, mientras las raíces laterales exploran el horizonte superficial durante las lluvias. En la base del tallo se desarrolla un xilopodio, órgano leñoso engrosado que acumula almidón, agua y yemas latentes. Ese xilopodio es lo que permite a la caroba reconstruir la parte aérea en pocas semanas tras un incendio o una corta a ras de suelo, un comportamiento común entre los arbustos del cerrado y determinante para la permanencia de la especie en zonas manejadas con fuego.
Distribución y Hábitat
Jacaranda caroba es endémica de Brasil y tiene el eje de su distribución en la Meseta Central, desde donde se extiende al oeste de Bahía, a los cerrados residuales del sudeste y a las manchas de sabana del norte de Paraná. Los registros de herbario confirman su presencia en los siguientes estados:
- Bahia
- Distrito Federal
- Goiás
- Mato Grosso
- Mato Grosso do Sul
- Minas Gerais
- Paraná
- São Paulo
- Tocantins
El hábitat típico es el cerrado en sentido estricto, con presencia también en campo sujo, campo cerrado y bordes de cerradão. La especie crece a altitudes de unos 300 a 1.400 metros, sobre suelos arenosos o arcillo-arenosos profundos, ácidos, bien drenados y pobres en bases intercambiables. Ocupa el estrato arbustivo a pleno sol y desaparece pronto allí donde el dosel se cierra, lo que la convierte en un buen indicador de fisonomías abiertas todavía bien conservadas.
Cultivo
Fuera de las colecciones botánicas y de los proyectos de restauración del cerrado, la especie se cultiva poco, y las indicaciones siguientes derivan sobre todo de la observación de las condiciones en las que prospera en su medio natural.
- Abonado: innecesario en la mayoría de los casos. Se trata de una planta adaptada a suelos distróficos, y el exceso de fósforo suele perjudicar el establecimiento.
- Altitud: de 300 a 1.400 metros, franja que corresponde a la meseta donde la especie aparece de forma natural.
- Espaciamiento: de 2 a 3 metros entre plantas en plantaciones de enriquecimiento y restauración.
- Luz: pleno sol. Es una especie heliófila y no tolera el sombreado lateral prolongado.
- Propagación: por semillas recogidas de cápsulas aún cerradas, entre mayo y julio, secadas a la sombra hasta la apertura de las valvas y sembradas en superficie sobre sustrato arenoso. La germinación ocurre entre 15 y 30 días, con tasas que caen deprisa cuando las semillas se almacenan más de una estación. El rebrote del xilopodio es la vía natural de regeneración en el campo, pero no sirve para la multiplicación en vivero.
- Riego: solo durante los primeros meses tras el trasplante. Una vez formado el xilopodio, la planta atraviesa la estación seca sin aportes.
- Suelo: ácido, con pH entre 4,0 y 5,5, profundo y bien drenado. Los latosoles y los neosoles cuarzarénicos reproducen bien las condiciones nativas. Los suelos encharcados o calcáreos resultan inadecuados.
- Temperatura: óptimo entre 18 y 30 grados Celsius, con tolerancia a heladas ligeras y breves gracias a la protección del órgano subterráneo.
Entre los problemas fitosanitarios observados en cultivo figuran las hormigas cortadoras del género Atta, que defolian los plantones, las larvas de cerambícidos que perforan las ramas lignificadas, las cochinillas en los brotes nuevos y el oídio en las hojas tiernas durante la transición de la seca a las lluvias. En suelo mal drenado, hongos como Fusarium y Sclerotium provocan la pudrición del xilopodio.
Fenología
El calendario de la especie sigue de cerca el régimen de lluvias del cerrado. La floración se concentra entre agosto y noviembre, es decir, al final de la estación seca y con las primeras lluvias, un periodo en el que buena parte del estrato arbustivo del bioma también florece y la oferta de néctar atrae polinizadores de largo alcance. La fructificación se desarrolla a lo largo del verano húmedo y las cápsulas maduran entre mayo y julio, abriéndose en plena seca para liberar las semillas aladas.
La caída de las hojas es parcial y se concentra en el momento más duro de la sequía, con renovación rápida del follaje antes de la floración o a la vez que ella. Las plantas nacidas de semilla suelen florecer a partir del segundo o tercer año. Tras el fuego, el rebrote desde el xilopodio empieza en cuestión de días y puede adelantar la floración de esa temporada, un fenómeno bien documentado en los arbustos del cerrado.
Especies Relacionadas y Confusiones
El género Jacaranda reúne alrededor de medio centenar de especies neotropicales, varias de ellas simpátricas con la caroba en el cerrado. La confusión más frecuente afecta a congéneres de porte distinto y a una bignoniácea de otro género.
- Cybistax antisyphilitica (Mart. ex DC.) Mart.: el ipé verde comparte hábitat y porte arbustivo, pero tiene hojas digitadas, no bipinnadas, y flores verdosas en vez de violáceas.
- Jacaranda brasiliana (Lam.) Pers.: árbol de 8 a 15 metros de corteza más lisa y sin xilopodio desarrollado, típico del cerradão y de las zonas de transición a la Caatinga.
- Jacaranda copaia (Aubl.) D.Don: árbol amazónico que puede superar los 25 metros, de tronco recto y copa alta, sin solapamiento alguno de hábitat con la caroba.
- Jacaranda cuspidifolia Mart.: árbol ornamental del cerrado y de la Mata Atlántica, con flores violáceas más intensas y folíolos de ápice acuminado.
- Jacaranda decurrens Cham.: la confusión más habitual. Es un subarbusto postrado que rara vez pasa de 50 centímetros, con raquis foliar alado y hojas menores, mientras que J. caroba es erecta y claramente arbustiva.
- Jacaranda mimosifolia D.Don: el jacarandá ornamental cultivado en ciudades de clima templado de todo el mundo, árbol de hasta 20 metros originario del sur de Bolivia y del noroeste de Argentina, con folíolos diminutos y panículas amplias.
- Jacaranda puberula Cham.: árbol de porte medio de la Mata Atlántica, con hojas pinnadas o bipinnadas de folíolos mayores y ramas pubescentes.
Conviene señalar que Jacaranda oxyphylla Cham., tratada durante mucho tiempo como especie autónoma del cerrado, se considera hoy sinónimo de J. caroba. El material de herbario y la literatura anteriores a esa decisión circulan con el nombre antiguo, lo que exige atención al comparar registros de distribución.
Fitoquímica de la Caroba
La composición química de la caroba se ha investigado sobre todo en hojas y cortezas, y el cuadro descrito en la literatura sigue el patrón conocido para el género Jacaranda y para la familia Bignoniaceae. Las clases descritas son las siguientes:
- Ácidos fenólicos: ácido cafeico y ácido clorogénico entre los más citados en los extractos foliares.
- Esteroles: beta-sitosterol y estigmasterol, presentes en las fracciones apolares.
- Feniletanoides glicosilados: verbascósido, también llamado acteósido, marcador recurrente en las bignoniáceas y en otras lamiales.
- Flavonoides: derivados de apigenina, luteolina y quercetina, en buena parte en forma de glicósidos.
- Quinonas: jacaranona y compuestos emparentados, ciclohexadienonas características del género.
- Taninos condensados: concentrados en las cortezas y en las hojas maduras.
- Triterpenos: ácido oleanólico, ácido ursólico y lupeol entre los esqueletos pentacíclicos identificados.
Los perfiles publicados varían según la procedencia del material, la estación de recolección y el disolvente de extracción, algo esperable en una especie de amplia distribución y todavía sin estudios de estandarización química.
Historia y Etnobotánica
La caroba entró en la literatura botánica de la mano de José Mariano da Conceição Vellozo, fraile franciscano que reunió en la Flora Fluminensis el inventario manuscrito concluido en 1790 y publicado décadas más tarde. Allí recibió la planta el nombre Bignonia caroba, trasladado después a Jacaranda por De Candolle en el Prodromus.
Auguste de Saint-Hilaire, que recorrió el interior brasileño entre 1816 y 1822, anotó que la caroba figuraba entre los vegetales más apreciados por la población del sertón de Minas Gerais y de Goiás, y registró el nombre tupí de uso corriente en aquellas provincias. A lo largo del siglo XIX, los compendios brasileños y europeos de materia vegetal repitieron esas notas de campo, y la droga vegetal llegó a exportarse a pequeña escala, con menciones dispersas en los repertorios farmacéuticos de la época.
En el plano cultural, el nombre tupí sobrevivió a la colonización en topónimos y designaciones regionales, y la planta siguió asociada al vocabulario del cerrado del interior. Las varias grafías populares registradas en los siglos XIX y XX, entre ellas caroba, carobinha, caroba-miúda y caroba-do-campo, dan la medida de lo conocido que era el arbusto tierra adentro.
Conservación
Jacaranda caroba no figura en la Lista Roja de la UICN, y las evaluaciones nacionales brasileñas no la sitúan entre las especies amenazadas. La distribución amplia, la capacidad de rebrote y la tolerancia a suelos pobres explican esa situación relativamente cómoda a nivel de especie.
El panorama del hábitat resulta bastante menos tranquilizador. El cerrado ha perdido cerca de la mitad de su cobertura original a manos de la agricultura y la ganadería, y la conversión continúa a buen ritmo en los bordes del bioma, sobre todo en la región conocida como Matopiba. Las poblaciones aisladas en remanentes pequeños del sudeste y del sur están más expuestas de lo que sugieren las cifras generales.
El régimen de fuego es el segundo factor determinante. Los incendios naturales espaciados algunos años forman parte de la dinámica del cerrado y favorecen el rebrote y la floración, mientras que la supresión total del fuego lleva al cierre del dosel y a la exclusión del estrato arbustivo heliófilo. Las quemas anuales, en el extremo opuesto, agotan las reservas del xilopodio. Por su rusticidad y su resistencia al fuego, la caroba se recomienda en proyectos de restauración de áreas degradadas de cerrado.
Curiosidades
- El binomio es un caso raro de nombre científico derivado por completo del tupí, con género y epíteto tomados de la misma lengua indígena.
- En los países hispanoamericanos el nombre gualanday, aplicado localmente a otras especies de Jacaranda, acabó asociándose también a la caroba en textos de importación, fuente frecuente de confusión bibliográfica.
- La biomasa subterránea de muchos arbustos del cerrado, incluida la caroba, supera a la parte aérea, lo que le valió al bioma la descripción de bosque al revés.
- Las estrías oscuras de la garganta de la corola funcionan como pista de aterrizaje para los abejorros, un patrón óptico que en varias bignoniáceas refleja además en el ultravioleta, una franja visible para las abejas e invisible para nosotros.
- Una sola cápsula puede liberar decenas de semillas aladas, y la membrana transparente que las envuelve es tan fina que la semilla entera pesa unos pocos miligramos.
Aviso: este contenido es informativo y no sustituye la orientación de un profesional de la salud. Consulte a un médico o fitoterapeuta antes de usar plantas medicinales, especialmente durante el embarazo, la lactancia o si toma medicamentos.
Referencias y Estudios Científicos
- 1992 Gentry, A. H. (1992). A synopsis of Bignoniaceae ethnobotany and economic botany. Annals of the Missouri Botanical Garden, 79(1), 53-64.
- IPNI. International Plant Names Index. Royal Botanic Gardens, Kew; Harvard University Herbaria; Australian National Herbarium. ↗
- Jardim Botânico do Rio de Janeiro. Flora e Funga do Brasil: Jacaranda. ↗
- 2009 Olmstead, R. G., Zjhra, M. L., Lohmann, L. G., Grose, S. O., & Eckert, A. J. (2009). A molecular phylogeny and classification of Bignoniaceae. American Journal of Botany, 96(9), 1731-1743.
- POWO. Plants of the World Online: Jacaranda caroba (Vell.) DC. Royal Botanic Gardens, Kew. ↗
- Saint-Hilaire, A. (1824-1828). Plantes usuelles des Brésiliens. Grimbert; París.
- Vellozo, J. M. C. (1829). Flora Fluminensis. Typographia Nationalis; Río de Janeiro.
